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30Aug

Mou vs. Pep, más que un duelo de tres letras

Autor admin as Agenda de Futbol, Baloncesto, Deportes, Efemerides, Futbol en Directo, General, Golf, Marcadores, Otros Partidos, Resumenes, Tenis





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Para bendecir a la Liga de las Estrellas 2010/11, habitada como hace muchos años por los mejores futbolistas del planeta y alimentada desde ahora por el prestigio de 19 flamantes campeones mundiales (sólo Reina, Fábregas, Torres y Silva, de los 23 dirigidos por Del Bosque en Sudáfrica, compiten fuera de su país, en la Premier inglesa), decíamos, nada más acorde a la situación para una Liga con estrella en el pecho que abrir el telón del campeonato con el gol de uno de esos 19 tocados por la varita mágica. Fernando Llorente, del Athletic de Bilbao, gritó el primer tanto de la Liga española, en la victoria de su equipo 1-0 ante el recién ascendido Hércules en el estadio José Rico Pérez de Alicante.


En su primer capítulo, La Liga dio, por otro lado, un indicio del cariz que muy probablemente la distinga en los 9 meses de competencia. Lionel Messi convirtió en su primer intento, habilitado por uno de los cerebros con el que mejor conecta (Iniesta), y puso al Barcelona 1-0 en ganancia a los 3 minutos. Sin transpirar ni esforzarse. Con la misma naturalidad, una hora y media después, los catalanes cerraban un 3-0 de visita al Racing de Santander en la presentación y ya se instalaban en lo más alto de la tabla.


El Real Madrid, en ese mismo instante, comenzaba a correr de atrás a ese monstruo casi imbatible, el Barca de Guardiola, que está sin dudas entre los 5, 6 o 7 mejores equipos de la historia del fútbol, capaz de discutirle la cima al Ajax de Rinus Michels, al Milan de Gullit, Rijkaard y Van Basten, al Madrid de Di Stéfano y Puskas, al Santos de Pelé, al Inter de Helenio Herrera y al Manchester de Sir Alex. Tenso, apurado, fastidioso, molesto, condicionado psicológicamente, desperdició una y otra chance de gol para cerrar un 0-0 ante el Mallorca y terminar la jornada con la inequívoca sensación de haber padecido esta situación la temporada pasada. ¡Otra vez a remar para darle alcance al Barcelona!


En el fútbol, todas las predicciones pueden irse a la basura en un segundo. Pero para esto estamos. Y el análisis de lo ocurrido en este receso liguero entrega demasiadas pautas para pensar que otra vez la Liga Española se dividirá en dos torneos paralelos: el que disputarán por un lado, allá lejos y en soledad, el Madrid y el Barcelona; y el que dirimirán, repartiéndose las migajas, los otros 18 participantes.


Pocas veces en la historia de este juego se vivió una Liga como la de la temporada pasada en España. No por haberse definido en la última fecha, sino porque tanto el Barcelona (99 puntos) como el Real Madrid (96) ganaron 31 de los 38 partidos que jugaron. Sólo dejaron pasar 7 citas sin conseguirlo. El Merengue le sacó 25 puntos al 3° (Valencia) y 33 al 4° (Sevilla). Y encima el Valencia perdió a sus dos Davides de Oro (Silva y Villa) y así difícilmente pueda tumbar al Goliat de turno Como el blaugrana mantuvo su base, su filosofía de juego (Guardiola), eliminó elementos nocivos para su salud (Ibrahimovic) y sumó al goleador del campeón mundial (David Villa), no hay motivos para pensar en que cambiará su funcionamiento. El Madrid, por su parte, esta vez no compró galácticos de pantalones cortos (gastó apenas 76 millones de euros contra 254 del año pasado) sino que apostó todas sus fichas a la única que le quedaba: que el galáctico vistiera de saco y corbata y se sentara en el banco de suplentes. José Mourinho se llama. Es portugués. Viene de ganar la triple corona con el Inter de Milán. Y además de haber conquistado ya dos Champions League con dos clubes distintos (Porto e Inter), presenta credenciales domésticas que asustan: en 10 años de carrera como entrenador, perdió apenas 1 solo partido de los 154 que sus equipos jugaron en sus estadios por ligas locales. Fue el 23 de febrero del 2002, cuando conducía al Porto: cayó 3-2 ante el Beira Mar y con 9 jugadores en campo. Desde entonces, en más de 7 campeonatos, entre el Porto, el Chelsea y el Inter no perdió jamás de local por un campeonato de liga. Es una estadística digna del Guinness.


El José portugués vs. el José Catalán o Mou vs. Pep no es sólo un duelo de tres letras. Tampoco el de dos entrenadores galácticos que cobran mucho más que el 99 % de los futbolistas de las grandes ligas: 10 millones de euros anuales contra 8 respectivamente. Ni un desafío para ver quién ha llenado el changuito con más Copas: 17 para Mou en 8 temporadas vs. 8 de 10 títulos posibles para Pep en apenas 2 añitos. El duelo, puesto en términos que salen de la calculadora, es el de los estilos y/o escuelas que ejemplifican como ningunos el Real Madrid y el Barcelona.


Siempre existió ese afán compulsivo por las etiquetas. En Argentina, por ejemplo, a River se lo emparentó con el Real Madrid; la Casa Blanca Argentina con la Casa Blanca Española; la obsesión por el buen gusto y el paladar negro para hinchas a los que no les alcanza sólo con ganar. La identidad por sobre todas las cosas. Sin embargo, con esa lucidez que lo caracteriza en casi todas sus afirmaciones, quien conoce como nadie el sentir madridista vino a contradecir ese juego de espejos y a poner las cosas en su lugar.


Nos referimos a la máxima autoridad deportiva actual del Real Madrid, asesor también del presidente Florentino Pérez, campeón como jugador, como DT y como manager del club merengue en diversas etapas, Jorge Alberto Francisco Valdano, quien en una entrevista concedida al diario El País en la última semana, se defendió ante la pregunta por la falta de identidad de su equipo: “Nunca el Madrid fue definido por un estilo. Las principales referencias del Barcelona son entrenadores. El legado de Cruyff como entrenador ha sido muy superior a su legado como jugador. El legado de jugador de Di Stéfano fue muy superior al que dejó como entrenador. En el Madrid, las referencias son de futbolistas más que de ideas. De ejecutores más que de pensadores. Este es un equipo que tiene pasión por el triunfo, que festeja mucho la entrega y que disfruta del espectáculo, pero antepone el triunfo a todo. En esa búsqueda del triunfo caben todos los estilos porque este es un juego muy rico”.


Clarísimo. Ese “antepone el triunfo a todo” explica la política de incorporaciones del Madrid de los últimos años. Va, busca y se lleva lo mejor. Lo más caro. Sean jugadores o técnicos. Puede pasar del estilo campechano y libertario de Del Bosque al tacticismo militar de Capello, y de ahí al equilibrio moderado de Pellegrini. Y si es necesario traer a un tipo que ordena meter a los 10 en el área, como hizo Mourinho en la semifinal de la Champions ante el Barcelona en el Nou Camp, se lo trae. Todo sea por ganar. El Barca es todo lo contrario, especialmente de Cruyff para acá: apuesta a la cantera (Messi, Puyol, Xavi, Iniesta, Piqué, Busquets, Pedro), compra poco y específico e impone la filosofía de pelota al pie, circulación y estética como valor supremo. Guardiola era el lugarteniente del Dream Team de los 90 armado por Cruyff. Hoy Guardiola es el cerebro de este Barcelona. Y en un par de años probablemente lo sea Xavi.


Este es el duelo renovado de la Liga Española. El duelo que simboliza una filosofía y abarca mucho más que tres letras.


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